Declaración Universal de los Derechos Humanos: Artículo 19 - Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión - El final para los traidores a Dios verdadero está muy próximo, porque el mal es vencido siempre por el Padre eterno, padre infinito de amor, paz y bondad. Como dijo Jesús: el hombre solo será salvado por amor.Le ruego a nuestro amadísimo Dios, que tenga misericordia de los ignorantes y ciegos, pues ellos conducen este mundo de caos, horror y vileza. También le ruego, que deje que mentes inteligentes, sensibles y bondadosas tomen el relevo de esta realidad nuestra para liberarnos y evolucionar. También deberemos ser nosotros mismos los que nos ganemos los premios, el mayor de los premios es nuestra propia libertad, económica, social, mental y de tantas otras formas que no podemos disfrutar, cuando no comprendes que eres esclavo de los pensamientos de otro, unos pensamientos que heredaste al nacer y "NO" son tuyos.

sábado, 8 de octubre de 2011

Paulo Coehlo: Análisis sobre la "NATURALEZA HUMANA"

De la Naturaleza Humana
Todos los días nos bombardean con noticias de actos de crueldad, y nos preguntamos: ¿cómo puede el hombre ser capaz de tanta perfidia? Los ejemplos van desde Río de Janeiro, donde tenía un amigo periodista (Tim Lopes) que fue salvajemente torturado antes de ser asesinado, hasta la prisión de Abu Graib, en Irak, donde chicos y chicas americanos que siempre se han comportado de forma ejemplar en sus pequeñas comunidades provincianas acaban convirtiéndose en monstruos.

En 1971, profesores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, crearon una especie de prisión simulada en los sótanos de la Facultad de Psicología. Escogieron a 12 estudiantes al azar que actuarían como guardas y a otros 12 que serían los prisioneros. Todos procedían del mismo estatus social: clase media, educación rígida y sólidos valores morales. Durante dos semanas se otorgó a los ‘carceleros’ una autoridad absoluta sobre los ‘presos’.

La experiencia hubo de ser interrumpida al cabo de una semana, dado que, apenas transcurridos unos días, los ‘guardas’ comenzaron a mostrar un comportamiento cada vez más sádico y anormal, y llegaron a ser capaces de barbaridades nunca vistas. Hasta hoy, cuando han pasado más de 30 años, los dos grupos todavía necesitan tratamiento psicológico.

El creador de la experiencia de Stanford, Philip Zimbardo, cuenta al periódico Herald Tribune: –No me sorprendieron las fotos de la prisión iraquí de Abu Graib. No se trata de unas pocas manzanas podridas dentro de un cesto de fruta fresca, sino exactamente de lo contrario: gente de buenos sentimientos que, al verse con la posibilidad de ejercer un poder absoluto, pierde cualquier noción del límite y deja que se manifiesten sus instintos más primitivos.

Otro estudio interesante fue el que realizó Stanley Milgram para la Universidad de Yale. Se seleccionó un grupo de alumnos para estudiar ‘técnicas de castigo’. Cada uno se ponía al mando de un aparato de descargas eléctricas, mientras, separado de él, al otro lado de una pantalla de cristal se colocaba un estudiante que tenía que responder a una serie de preguntas. Cada vez que este errase, el otro alumno tenía que administrarle una descarga, aumentando progresivamente el voltaje, aun sabiendo que a partir de determinado momento podría matar a su compañero.

La máquina de descargas era falsa, y el ‘estudiante’ era un actor, pero los alumnos no sabían nada de eso. Para sorpresa de todos, el 65 por ciento de los ‘interrogadores’ llegó a lo que sería una descarga mortal. Es decir, que ante situaciones que nos permiten un control total y absoluto de otra persona, nadie puede estar seguro de que no traspasará el límite. Pero solo quien ya ha vivido este tipo de experiencia (y yo, desgraciadamente, recuerdo ciertas actitudes en mi juventud que me incluyen en este grupo) sabe que llega un momento en que perdemos por completo el control, y vamos más allá de lo que dicta el sentido común.

Si la naturaleza humana es así, ¿qué debemos hacer? Una antigua historia situada en los Pirineos, posiblemente una leyenda, cuenta que un monje, de nombre Savin, que venía de recoger donaciones en oro para la capilla que quería construir, pasó por la casa de uno de los bandidos más sanguinarios de la región. Como no tenía dónde dormir, pidió que le dejaran pernoctar allí.

El bandido, sorprendido del valor del monje, decidió ponerlo a prueba y le dijo: –Has venido aquí para provocarme. Quieres que te mate y te robe el dinero para así convertirte en mártir. Si hoy entrase aquí la prostituta más bella que haya en la ciudad, ¿serías capaz de convencerte de que no es bella y seductora? –No. Pero me podría controlar. –Y si un monje entrase con oro para construir una capilla, ¿podrías mirar ese oro como si fuesen piedras? –No, pero me podría controlar. Savin y el asesino tenían los mismos instintos, el bien y el mal se los disputaban, como se disputan todas las almas sobre la faz de la Tierra. Cuando el malhechor vio que el monje era igual que él, también entendió que él era igual a Savin, y se convirtió.

Tenemos el bien y el mal frente a nosotros y todo es cuestión de control. Nada más que eso.

Fuente:

Los Cuatro Enemigos del Hombre según Carlos Castaneda

TODOS TENEMOS MIEDO, pero recordemos que podemos luchar contra los CUATRO ENEMIGOS DEL HOMBRE!!!

“ Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.

“ Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales:¡ el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.


-¿Qué le pasa al hombre si corre por miedo?

- Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llegará a ser hombre de conocimiento. Llegará a ser un maleante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asustado; de cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.

-¿ Y qué puede hacer para superar el miedo?

- La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse.¡ Esa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de sí. Su propósito se fortalece. Aprender ya no es una tarea aterradora.

“ Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural.

[...] Una vez el hombre a conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: la claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe como satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto.

“ Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega.

“Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro pero incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión de poder, ha sucumbido a sus segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debía apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.

[...]¿qué tiene que hacer para evitar la derrota?

- Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ese será su verdadero poder.

“ Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo:¡el poder!

“El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre de veras es invencible. Él manda: empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder. Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin duda perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso.

[...] Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo una carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de sí mismo, ni puede decir cómo ni cuando usar su poder.

[...][Para vencer al tercer enemigo hay que] desafiarlo, con toda intención. Tiene que darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuando usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.

“El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: ¡la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante.

“Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo está bajo control, pero también el tiempo en el que tiene un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.

“Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentitos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes.

-Don Juan de Matus- Extracto de “Las Enseñanzas de Don Juan”

Fuente:

The Beautiful Truth (La Hermosa Verdad) - Subtitulada - 1ª parte. La relación de los alimentos, la salud y el cáncer.




Primer vídeo de un total de 11. Documental sobre la terapia Gerson para la curación del cáncer y otras “enfermedades degenerativas incurables” por la medicina tradicional, visto desde la perspectiva de un niño de 15 años de edad. El documental embarca al protagonista en una serie de viajes, en los que diversos personajes otorgan distintos puntos de vista, ya sean referentes a la terapia en sí o a la medicina ortodoxa, abriendo una puerta a las realidades que la sociedad moderna nos permite o no conocer. Somos lo que comemos…”Que la comida sea tu medicina, y que la medicina sea tu comida” (Hipócrates, 460-370 AC).